Iris Chang
Español 220
El Pueblo Misterioso
Crónica de una muerte anunciada es la historia del asesinato de Santiago Nasar por la honra de la familia Vicario. Ángela Vicario, después de su matrimonio, estaba acompañada a su casa por su esposo Bayardo San Román, porque ella no tenía su virginidad. Ella dijo que el hombre que tenía la culpa era Santiago Nasar, pero todos sabían que no era él. Sin embargo, sus hermanos-- dos gemelos que se llamaban Pablo y Pedro Vicario—hablaban de las noticias hasta más o menos un día. Hablaban de que iban a matar a Santiago. Al primer, el libro aparece una historia del destino. Pero, entonces, es obvio que el crimen fue por la culpabilidad del pueblo. La muerte de Santiago fue por la voluntad del pueblo porque toda la gente sabía lo que iba a ocurrir, nadie creía que Santiago era culpable, y Prudencia Cotes y la familia Vicario estaban de acuerdo de que Pedro y Pablo le mataran a Santiago.
Las noticias de que los gemelos iban a hacer estaban difundiendo rápidamente, pero nadie hizo nada. El narrador dijo, “Muchos de los que estaban en el puerto sabían que a Santiago Nasar lo iban a matar…Nadie se preguntó siquiera si Santiago Nasar estaba prevenido, porque a todos les pareció imposible que no lo estuviera”(19). Algunas personas que sabían el porvenir era Clotilde Armenta, quien trabajaba en la cantina donde los gemelos estaban bebiendo antes del crimen, y el coronel Lázaro Aponte. Cuando Pedro y Pablo iban a la cantina con los cuchillos, Pedro Vicario dijo, “Nada [paso con Santiago]...No más que lo andamos buscando para matarlo”(53). Ella le contó a Leonardo Pornoy, un agente, y él le contó a Lázaro. Lázaro les quitó los cuchillos y los mandó a dormir. “Clotilde Armenta sufrió una desilusión más con la ligereza del acalde, pues pensaba que debía arrestar a los gemelos hasta esclarecer la verdad”(55). En esta cita, a menos ya tres personas saben. Clotilde y Leonardo trataron a hacer algo, pero solo dijeron a un coronel perezoso e imprudente. Clotilde sabía que los gemelos no querían matar a nadie. “[El arresto] es para librar a esos pobres muchachos del horrible compromiso que les ha caído encima. Pues ella lo había intuido. Tenía la certidumbre de que los hermanos Vicario no estaban tan ansiosos por cumplir la setencia como por encontrar a alguien que les hiciera el favor de impedírselo”(56). A impedírselo, a los gemelos, era un favor.
El aspecto de la historia más irónico es que nadie creía que Santiago era culpable por tomar la virginidad de Ángela Vicario.
Pertenecían a dos mundos divergentes. Nadie los vio nunca juntos, y mucho menos solos. Santiago Nasar era demasiado altivo para fijarse en ella…Ángela Vicario estaba protegiendo a alguien a quien de veras amaba, y había escogido el nombre de Santiago Nasar porque nunca pensó que sus hermanos se atreverían contra él. (88)
Ellos no tenían ninguna semejanza, nunca estaban juntos. El pueblo tenía la culpa porque nadie creyó que en realidad hubiera sido Santiago. Los gemelos actuaron sin el sentido común, y la gente del pueblo lo sabían. El narrador, también, no pudo creer que Santiago había hecho nada. “No era posible pensar que tuviera algún malestar de conciencia,” (65) dijo. Porque el narrador no les contó a alguna persona? Pero, los hombres que tienen lo más de la culpa son Lázaro Aponte y el padre Carmen Amador. Lázaro dijo, “No se detiene a nadie por sospechas…Ahora es cuestión de prevenir a Santiago Nasar, y feliz ano nuevo” (¿?). Él tenía la oportunidad de poner fin a los gemelos, pero solo dijo, “feliz ao nuevo.” Clotilde le avisa al padre Amador, también. El padre no supo qué podía hacer. Resolví decirle algo de pasada a Plácida, pero cuando atravesó la plaza lo había olvidado por completo. Que tonto…
Aunque la honra era muy importante durante esta época, algunas personas del pueblo le avisaban a Pablo y Pedro Vicario que mataran a Santiago. La madre de Prudencia Cotes, la novia de Pablo, les dijo que “el honor no espera” (61). ¿Por qué ella trató de convencerlos? Márquez no nos contó que hay una relación mala entre los dos. Prudencia dijo, “no sólo estaba de acuerdo, sino que nunca me hubiera casado con [Pablo] si no cumplía como hombre” (61). Aparece que los dos son muy emocionadas por el muerte. La madre de los Vicarios también estaba esperando por la muerte. No detentaba sus hijos, pero cuando oía los gritos, dijo que ahora “podía dormir, pues lo peor había pasado” (90). Flora Miguel, la novia de Santiago Nasar era un poca comprobación que él era inocente. Sin embargo, cuando ella les daba cuenta que era posible que su novio hubiera tomando la virginidad de otra mujer, gritó, “ ¡Y ojalá te maten!” (111). Santiago era muy perplejo pero no pudo entender de que ella estaba hablando. Flora cerró la puerta a su dormitorio, y no explicaba nada.
Al final, no cabe duda de que la Crónica es de una muerte anunciada. Todos lo que ocurrieron—por ejemplo, la memoria del padre Amador y la impudencia de Aponte—no habrían sido coincidencias. Cristo Bedoya era uno de los pocos personas, como la madre de Santiago, Plácida Linero, que trató de ayudar a su amigo. Cuando estaba corriendo a Santiago, “Clotilde Armenta apareció detrás de Pablo Vicario, y le gritó a Cristo Bedoya que se diera prisa, porque en este pueblo de maricas sólo un hombre como él podía impedir la tragedia” (106).